
La mayoría de las personas cree que fortalecer el suelo pélvico es el único y mejor remedio para prevenir las disfunciones del suelo pélvico.
Pero esto no siempre es verdad. Te explico por qué.
Para empezar, para quienes no lo sepan:
los ejercicios de Kegel son ejercicios destinados a entrenar los músculos del suelo pélvico. Suelen ser lo primero que recomiendan las profesionales en casos de incontinencia, prolapso o disfunción sexual.
Sin embargo, no siempre son lo más adecuado.
Lo primero que hay que tener en cuenta es que el suelo pélvico no está formado solo por musculatura. De hecho, los músculos representan solo una parte.
El resto del suelo pélvico está compuesto por tejido conectivo, como ligamentos, tendones y fascia.
La fascia es un tejido conectivo que envuelve, conecta y sostiene músculos, órganos, nervios y vasos sanguíneos en todo el cuerpo. Funciona como una red continua que lo mantiene todo unido y organizado, permite un movimiento fluido, transmite fuerzas y tensiones y participa en la propiocepción.
Además, es importante saber que los músculos están formados por distintos tipos de fibras: algunas podemos contraerlas de forma voluntaria, mientras que otras se activan de manera refleja, a través del trabajo postural, la fuerza, el equilibrio o determinados movimientos automáticos.
Por lo tanto, si nos enfocamos únicamente en contraer y relajar el suelo pélvico, solo estamos trabajando un pequeño porcentaje de todo lo que realmente podemos y necesitamos entrenar.
Otro aspecto clave es que el suelo pélvico no trabaja de forma aislada. Su estado está influido por todo el cuerpo, pero especialmente por un conjunto de cuatro estructuras conocido como CALP (Complejo Abdomino-Lumbo-Pélvico).

Este complejo está formado por:
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el diafragma
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la musculatura abdominal
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los músculos de la espalda
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el suelo pélvico
Puedes imaginarlos como las paredes de una caja que contiene las vísceras abdominales. Esta “caja” es responsable de una correcta gestión de las presiones internas.
Cada gesto que realizamos a lo largo del día —levantar peso en el gimnasio, escurrir la mopa en casa o incluso toser durante un resfriado— provoca un aumento de la presión dentro de la cavidad abdominal.
Para que esta presión no sea dañina, todos los elementos de esta caja deben tener un tono adecuado y trabajar de forma coordinada. Si uno está demasiado tenso, demasiado débil o no se activa correctamente, el resto tendrá que compensar, y a largo plazo pueden aparecer problemas.
¿Cómo trabaja el CALP?
Cuando inspiras, el diafragma (el músculo respiratorio que separa los pulmones del abdomen) se contrae y desciende. Al mismo tiempo, el abdomen y el suelo pélvico deberían relajarse para permitir el movimiento: el abdomen hacia delante y el suelo pélvico hacia abajo.
Puedes imaginarlo como un pistón: al inspirar todo baja, y al espirar todo sube y vuelve a su posición.
Cuando realizamos un esfuerzo, la presión dentro del abdomen aumenta. En ese momento, el abdomen y el suelo pélvico deben activarse y contraerse para evitar que las vísceras se desplacen hacia delante o hacia abajo.
En ambas situaciones, esta activación debería ocurrir de forma involuntaria. No deberíamos tener que pensar conscientemente en cómo respirar o contraer el abdomen en cada movimiento.
Sin embargo, en muchas ocasiones el cuerpo no responde como debería. Ahí es donde entra el trabajo de la fisioterapeuta especializada en suelo pélvico: valorar en qué estado se encuentra tu musculatura y si existe una correcta sinergia entre todos los componentes del CALP.
Para que se entienda mejor, veamos algunos ejemplos:
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Si tienes un diafragma muy contracturado, estás generando de forma constante una presión que debe soportar el suelo pélvico. Llegará un momento en que “diga basta”.
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Después de un parto, el abdomen y el suelo pélvico pueden estar muy debilitados. En ese caso, es fácil que aparezcan pérdidas de orina incluso con gestos pequeños.
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En el caso contrario, un abdomen y un suelo pélvico excesivamente tensos pueden provocar que, ante un esfuerzo o un estornudo fuerte, los músculos no puedan activarse más y no consigan soportar la presión.
Cada cuerpo es diferente y necesita un abordaje personalizado. Por eso es fundamental realizar una valoración previa para saber qué necesita realmente tu suelo pélvico.
Ahora ya puedes entender por qué hacer solo ejercicios de Kegel no siempre soluciona el problema.
En muchos casos es necesario trabajar el abdomen, mejorar la coordinación, o incluso comenzar con tratamiento manual antes de fortalecer.
