Todo lo que necesitas saber sobre el suelo pélvico

Para comprender esto adecuadamente, primero debemos aclarar ciertos aspectos anatómicos de la pelvis.

En la parte frontal de la pelvis, podemos palpar la sínfisis púbica. Se trata de una articulación fibrocartilaginosa que conecta los dos huesos del pubis y se ubica en la línea media del cuerpo, justo debajo del abdomen. En la parte posterior, encontramos el cóccix. Este es un hueso situado en la parte inferior de la columna vertebral, justo debajo del sacro. Por último, localizamos los isquiones, que son los huesos en los que te apoyas al sentarte en una silla.
Todas las estructuras que mencioné son puntos de anclaje para los músculos del suelo pélvico.

El suelo pélvico es mucho más de lo que imaginas.

Sin embargo, el suelo pélvico no se compone únicamente de la musculatura. 

La mayor parte del suelo pélvico incluye también tejido conjuntivo, entre ellos ligamentos, tendones y fascias, que proporcionan estabilidad, elasticidad y soporte.
La interacción entre estos tejidos y los músculos permite que el suelo pélvico realice funciones esenciales como el control de esfínteres, el sostén de órganos, la estabilidad del tronco y la participación en la vida sexual.

Fuente: Netter. Atlas de anatomía humana

La fascia es un tejido conectivo que forma una red continua en todo el cuerpo. Envuelve y conecta músculos, huesos, nervios, vasos sanguíneos y órganos, permitiendo que todo funcione de forma coordinada.

Fuente: Urofisioterapia. Paulo Palma

No es solo un “envoltorio”: la fascia transmite fuerzas, movimientos y tensiones, influye en la postura, en la movilidad y en la percepción del cuerpo. Cuando la fascia está flexible y saludable, el cuerpo se mueve con libertad. Cuando pierde movilidad, puede generar dolor, disfunción o compensaciones.

La fascia conecta todo. Por eso, lo que ocurre en una zona del cuerpo puede influir en otra.

La fascia que sostiene y conecta las vísceras (órganos internos como la vejiga, el útero, los intestinos o el recto) se llama viscerofascia.

Gracias a la viscerofascia, los órganos:

  • Mantienen su posición

  • Se mueven entre sí de forma armónica

  • Se adaptan a la respiración, la digestión y el movimiento

Esta movilidad es esencial para el equilibrio de presiones dentro del abdomen y la pelvis. 

¿Por qué el abdomen es clave para tu suelo pélvico?

El suelo pélvico no trabaja de manera aislada. Forma parte de un sistema mayor llamado CALP (Conjunto Abdomino-Lumbar-Pélvico), conocido en el ámbito del entrenamiento y el fitness como CORE.

Este conjunto está formado por diferentes estructuras que trabajan de manera coordinada:

  • La musculatura abdominal

  • La musculatura de la espalda

  • El diafragma

  • El suelo pélvico

Todas estas estructuras funcionan como una unidad. Cuando una de estas estructuras no funciona correctamente, las demás deben compensar, lo que puede generar sobrecargas, disfunciones o síntomas en el suelo pélvico.

Por eso, el cuidado del suelo pélvico debe abordarse desde una visión global, integrando respiración, control abdominal, postura y movimiento, y no solo mediante el trabajo muscular aislado.

Un suelo pélvico sano es el resultado de un sistema que trabaja en equilibrio.

¿Por qué es importante tener un suelo pélvico sano?

El suelo pélvico va mucho más allá de “contraer y relajar”. Participa de forma activa en la estabilidad corporal, el movimiento y el bienestar general. Su correcto funcionamiento es clave para la salud y la calidad de vida, ya que interviene en múltiples procesos del día a día.

Para comprender mejor su importancia, podemos agrupar sus funciones en cinco funciones fundamentales.

 

Función de sostén

El suelo pélvico sostiene los órganos pélvicos como la vejiga, el útero y el recto, manteniéndolos en su posición correcta frente a la gravedad y a los cambios de presión dentro del abdomen.

Cuando esta función se ve alterada, pueden aparecer sensaciones de peso, descenso de órganos o prolapsos.

Función de continencia

Permite controlar la salida de orina, gases y heces, adaptándose a las diferentes situaciones del día a día (reposo, esfuerzo, ejercicio físico).

Una buena función de continencia depende no solo de la fuerza, sino también de la coordinación y el control del suelo pélvico.

Función de estabilidad

El suelo pélvico forma parte del sistema de estabilización del tronco junto con el abdomen, el diafragma y la musculatura lumbar.

Contribuye a la estabilidad lumbo-pélvica, facilitando movimientos seguros y eficientes, tanto en la vida diaria como en el deporte.

Función de gestión de las presiones y los esfuerzos

Cada vez que realizamos un esfuerzo (toser, reír, saltar, correr, levantar peso), aumenta la presión dentro del abdomen.

El suelo pélvico tiene la función de:

  • Regular y distribuir esa presión

  • Coordinarse con la respiración y el abdomen

  • Responder de forma automática al esfuerzo

Esto protege los órganos pélvicos y previene síntomas como incontinencia o sobrecarga pélvica.

Función sexual

El suelo pélvico participa activamente en la sensibilidad, la excitación y el placer sexual, además de influir en la calidad de las relaciones sexuales.

Un suelo pélvico equilibrado favorece una vida sexual más saludable y satisfactoria.