
Todas las personas tenemos suelo pélvico. Desde la infancia hasta la vejez, esta estructura desempeña funciones esenciales para nuestra salud y calidad de vida. Conocerla y cuidarla no debería ser un tema reservado a un grupo concreto, sino una parte más del cuidado integral del cuerpo.
Cuando hablamos del suelo pélvico, muchas personas piensan automáticamente en el embarazo, el parto o la menopausia. Sin embargo, esta idea deja fuera una realidad importante: el suelo pélvico no tiene género ni edad.
No es solo un tema de mujeres
Aunque el embarazo y el parto pueden afectar al suelo pélvico femenino, los hombres también tienen suelo pélvico y pueden presentar alteraciones.
En ellos, las disfunciones pueden aparecer tras una cirugía de próstata, por la práctica de determinados deportes de alto impacto, por estreñimiento crónico, tos persistente, sobrepeso o simplemente como consecuencia del envejecimiento.
Los síntomas pueden incluir pérdidas de orina, dolor pélvico, molestias durante las relaciones sexuales o dificultad para controlar los gases y las deposiciones.
Tampoco es una cuestión de edad
Otro de los grandes mitos es pensar que las disfunciones del suelo pélvico solo afectan a las personas mayores. Aunque es cierto que el envejecimiento puede aumentar el riesgo de algunos problemas, el suelo pélvico puede verse afectado en cualquier etapa de la vida.
En la infancia, por ejemplo, pueden aparecer problemas como el estreñimiento, la incontinencia urinaria o la enuresis (hacer pis en la cama), situaciones que en muchos casos están relacionadas con el funcionamiento del suelo pélvico y requieren una valoración adecuada.
Durante la adolescencia, también pueden surgir alteraciones como el dolor pélvico o las menstruaciones dolorosas (dismenorrea). Aunque a menudo se normalizan, estos síntomas no deberían considerarse «parte de crecer» sin antes investigar su causa.
En la edad adulta, el embarazo y el parto son factores de riesgo conocidos, pero no los únicos. El deporte de alto impacto, el estreñimiento crónico, determinados trabajos que implican levantar peso, las cirugías pélvicas o algunas enfermedades también pueden afectar al suelo pélvico, tanto en mujeres como en hombres.
Y en las personas mayores, es frecuente que aparezcan problemas como la incontinencia urinaria o el descenso de los órganos pélvicos. Sin embargo, es importante recordar que la incontinencia no es una consecuencia inevitable del envejecimiento ni un problema exclusivo de esta etapa. Muchas personas jóvenes también experimentan pérdidas de orina, especialmente durante la práctica deportiva, al toser, estornudar o realizar esfuerzos, y existen tratamientos eficaces para mejorar esta situación.
En definitiva, el suelo pélvico evoluciona con nosotros a lo largo de toda la vida. Cada etapa tiene sus propias necesidades, pero en todas ellas merece atención, prevención y, cuando sea necesario, un abordaje profesional.
¿Cuándo conviene prestarle atención?
La respuesta más sencilla es: siempre, incluso cuando no existen síntomas.
Realizar una valoración del suelo pélvico no solo sirve para detectar posibles alteraciones, sino también para conocer mejor el propio cuerpo, aprender hábitos saludables y prevenir problemas futuros. Al igual que cuidamos nuestra salud cardiovascular o nuestra salud bucodental, el suelo pélvico también merece atención antes de que aparezcan molestias.
Una valoración preventiva es especialmente recomendable antes de planificar un embarazo, ya que permite conocer el estado del suelo pélvico y preparar esta etapa con mayor seguridad. También puede ser de gran utilidad antes de una cirugía pélvica o abdominal, ya que un buen estado de la musculatura y una adecuada educación pueden favorecer la recuperación posterior.
Por supuesto, también es recomendable consultar con un profesional si aparecen síntomas como:
- Pérdidas de orina al toser, reír, saltar o hacer ejercicio.
- Necesidad urgente o muy frecuente de ir al baño.
- Sensación de peso, presión o bulto en la zona pélvica.
- Dolor en la pelvis, el periné o durante las relaciones sexuales.
- Dificultad para controlar gases o heces.
- Dolor persistente después del parto o tras una cirugía pélvica.
- Molestias relacionadas con el ejercicio físico.
- Estreñimiento persistente o dificultad para evacuar.
Cuanto antes se realice una valoración, mayores serán las posibilidades de prevenir complicaciones o resolver el problema mediante un tratamiento personalizado.
Rompiendo mitos
Hablar del suelo pélvico con naturalidad ayuda a derribar falsas creencias.
No es un tema exclusivamente femenino.
No afecta solo a las personas mayores.
No es normal resignarse a las pérdidas de orina o al dolor.
Y, sobre todo, tener síntomas no significa que haya que aprender a convivir con ellos.
El suelo pélvico forma parte de nuestro cuerpo durante toda la vida. Nos sostiene, nos protege y participa en funciones esenciales que muchas veces solo valoramos cuando aparece un problema.
Por eso, independientemente de tu edad o de tu género, merece la pena conocerlo, escucharlo y cuidarlo. Porque el suelo pélvico no tiene género ni edad. La salud, tampoco debería tener barreras.
